jueves, 17 de marzo de 2011

IVC+R.Institut Valencià de Conservació i Restauració de Béns Culturals


El Ecce Homo de L’Olleria muestra una de las iconografías más lastimosas de Cristo, pues refleja el momento en que Pilato lo presenta a la multitud congregada en el pretorio diciendo “ahí tenéis al hombre” (Ecce Homo) después de sufrir la flagelación, coronación de espinas e improperios. Así, la escultura nos muestra a Jesús de pie, con una pierna ligeramente flexionada en contraposición, semidesnudo para mostrar en sus carnes las huellas de la flagelación, con la corona de espinas, el manto o clámide púrpura, que en este caso es una pieza textil exenta, y el cetro de caña, aquí de plata realizada en 1764 a expensas de Mosen Ledro Plâ (según se lee en esta), que sujeta con las manos maniatadas, tal como se narra en el evangelio de San Juan (19,5). Su rostro concentra el impacto emocional del tema, pues su expresión meditativa y sumida en el dolor, refleja la aceptación del sufrimiento para la salvación del género humano, lo que se acentúa en su mirada baja. En su cabeza luce unas potencias de plata, obra de Martínez y Quinzá, según se ve en su punzón del gremio de plateros de Valencia.

La imagen en la actualidad se ubica sobre un trono de nubes con querubines, también de madera policromada, que debió pertenecer a otra talla, posiblemente una Inmaculada, ya que el Ecce Homo jamás se representa de manera glorificada ya que muestra la condición más humana de Cristo, de ahí que pensemos que ha sido reutilizado como soporte de esta imagen. Este tema fue desconocido para el arte paleocristiano y bizantino. Empezó a representarse a finales de la Edad Media, en el siglo XV, cuando hay una mayor humanización de la divinidad, pero no fue hasta el siglo XVI y XVII, con el arte de la contrarreforma, cuando adquirió mayor protagonismo.

Este Ecce Homo fue un regalo del patriarca san Juan de Ribera (1532-1611) a la Iglesia de Santa María Magdalena de L’Ollería. Éste al ser nombrado Arzobispo de Valencia en 1568 llevó a la práctica gran parte de las doctrinas derivadas del Concilio de Trento (1545- 1563), como la reforma del clero y de los estudios eclesiásticos, propició la devoción a la Eucaristía, y puso en marcha una serie
de medidas para potenciar la evangelización de la diócesis de Valencia. Para ello, además de ordenar la edificación de nuevas iglesias y la ampliación de las ya existentes, abasteció a estas parroquias de todo lo necesario para la celebración del culto. Entre estas iniciativas se enmarca la donación de esculturas, en su mayoría cristos crucificados, que se convertirían en la imagen
titular de los templos pertenecientes a parroquias moriscas. En este marco hay que citar el Ecce Homo de L’Ollería, que comparte con estos crucificados, muchas de las características estilísticas propias de la imaginería barroca de finales del siglo XVI y principios del XVII. La singularidad de esta imagen ha sido el motor por el cual la Generalitat Valenciana, a través del Institut Valencià de Conservació i Restauració de Béns Culturals, ha querido restaurar esta imagen tan querida por la población de L’Olleria.

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